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8.- EL YO ES CONSCIENCIA QUE VE AL OBJETO, PERO TAMBIÉN EL YO ES CONSCIENTE DE QUE TIENE ESA CONSCIENCIA, SABE QUE SABE
Aquella irrealidad o ilusión, que ayer vimos con la carrera del caracol, y que antes también, con la desaparición del juego de fuerzas y su sustitución por leyes -y, concretamente, con la Ley de la Gravedad Universal, llegaba hasta cosas inimaginadas por mi, el narrador. Pues llegaba la ilusión hasta el tiempo y el espacio, ya que dijimos que el movimiento -que era lo único que se salvaba, como también dijimos-, se podía descomponer en velocidad y TIEMPO Y DISTANCIA, pero lo cierto es que se podía imaginar el movimiento sin necesidad de imaginar el tiempo y la distancia. Estos aparecían si reflexionábamos con nuestro entendimiento. Incluso el entendimiento (que no la Razón), al haber creído en las fuerzas contrarias como interior de las cosas, y resultando, como indicábamos, que solo había un interior vacío, el entendimiento solo se representaba A SÍ MISMO.
El filósofo hablaba ahora para todos los discípulos, y les interrogaba: entonces, si todo era una ilusión ¿la consciencia de todo lo que ha visto, que hemos visto, se queda entonces como consciencia sin objeto del que tener consciencia?; no lo entiendo. ¿qué pasa ahora?. Los alumnos se reunieron a parte, y no mucho después, el portavoz dijo no saberlo, a lo que M. Puente sonrió, y mencionó a Juan; porque Juan, nos atuvimos a que quedaba el yo o consciencia, pero ¿no te has dado cuenta que el yo ve al objeto y además es el objeto? Juan: eso está claro, eso lo sostenemos incondicionalmente. Puente: pero...lo que acabo de decir tiene un sentido pedagógico, como siempre que hablo; y ese sentido, en este caso es doble; 1) el yo que ve al objeto 2) el yo que también es ese mismo objeto. Uno del fondo levantó tímidamente la mano -se llamaba Tomás. Fue quien descubrió, se puede decir que, uno de los argumentos más relevantes en todo aquello: yo creo que habiendo la consciencia tenido esa LARGA EXPERIENCIA de las dos fuerzas y de los dos lados (el interior y el exterior) y de los dos modos, la fuerza y la ley, y sobre todo, la propia consciencia y su cosa u objeto (que luego, éste ha quedado en nada), todo ello era para que la consciencia estuviera preparada a dar el verdadero paso: el yo sabe que tenía una consciencia como unas lentes, el yo también hacía de lentes, pero en ocasiones se las quitaba; el yo o consciencia sabe que tiene consciencia, por lo que, aunque sea la misma consciencia, ésta llega a saber que es consciente; aparece, con esto, la AUTOCONSCIENCIA, que sabe que tenía consciencia para ver, pero que también sabe que ella misma ve a esa consciencia; que es consciente de que es consciente.
Fíjense -y escuchaban todos al maestro, incluso yo- que todo aquello de la cosa, de su interior, las dos fuerzas...ha desaparecido, pero esos momentos, a los que dedicamos desde que comenzamos, digo que esos momentos los recordamos perfectamente. Juan intervino: claro, y es así como la autoconsciencia como puede ver a la consciencia, o como son lo mismo, también ve los momentos o ese movimiento que antes fue objeto de la consciencia, pero ahora sabe que supo el objeto. M. Puente: por eso la autoconsciencia tiene la misma INCLINACIÓN que en miles de años ha tenido su siamés consciencia, tiene esa inclinación. ¿A qué? pues a LA VIDA, que no es otra cosa que ese movimiento contradictorio de todos los momentos que vimos, esos momentos contradictorios hasta el infinito.
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