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3 de Abril de 2026
6.- Las cosas de fuera no aportan conocimiento alguno. Solo existe el yo y, por tanto, es el que aporta todo conocimiento
Otra vez cerca del crepúsculo de la tarde, analizaba Puente con el discípulo que más le amaba, pero de golpe se levantaron y se dirigieron a la Casa de los pájaros, especie de jaula inmensa como una gran habitación de una casa, y allí estuvieron apreciando las distintas especies de alados.
Luego, a la mitad de la noche, subieron hasta la era donde ya se encontraban los haces de trigo.
El día siguiente lo recordaría el discípulo como un antes y un después, pues creyendo hasta ese momento, que aquellos pájaros existían, estuvieran ellos viéndolos o no, reconoció que no era así, que lo importante es que estuvieran ellos o no. Esto fue bajo la argumentación del maestro en el sentido de recordarle que ayer tarde no estaban viendo la era del trigo, igual que ayer noche no observaban los pájaros (fue por la tarde cuando se entusiasmaron con la inmensa jaula...); que lo único que permaneció ayer durante todo el día, no fue la contemplación de la jaula, ni la era, sino que lo permanente era el aquí y el ahora, bien ante la era o bien ante la gran jaula. O sea, que siempre existía un esto (que no eran los preciosos pájaros, ni el trigo) pero que se convertía en la mirada a las aves por la tarde y en haces de trigo amarillo por la noche -de luna llena-, más lo que continuaba en todo momento del día, era un esto o un ahora, o un aquí, pues los objetos valorados ayer cerca del crepúsculo no eran los contemplados a media noche, por lo que las cosas no eran, como creía, las que aportaban conocimiento, sino precisamente, era el ahora y el aquí, es decir, donde estuvieran en ese momento ellos, o sea, donde estuvira el yo: no eran las cosa sino el yo el que aportaba el conocimiento, pues conocimiento había que definirlo como lo que permanece, y lo único que había permanecido ayer fue el yo, el movimiento del yo de un lugar a otro, no el trigo ni los pájaros.
El discípulo había soñado con una idea clave: pero tampoco lo que existe siempre es el ahora, porque cuando digo ahora ya ha pasado. Y con el aquí pasa lo mismo, pues cuando digo aquí, estoy diciendo un poco más abajo o más a la derecha o un ápice más abajo todavía. Por lo tanto si el ahora y el aquí, también los podemos eliminar, qué nos queda.
M. Puente respondió: el yo.
[SEGUIRÉ]
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