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23 de Marzo de 2026


[Sigo en 1, y lo termino]


[CORRECCIÓN DOS para aportar claridad a lo escrito el 21 de Marzo de 2026]



21 de Marzo de 2026


Mas el Sr. Puente conocía que, con los cinco sentidos, no era suficiente para describir la cosa, porque transmitían una multitud de colores y sonidos...que no se podían considerar formas, y no se podía determinar dónde termina una alfombra y seguía el resto del suelo, a no ser que se dispusiera previamente, del concepto de alfombra y del concepto de resto de suelo. Por tanto, los conceptos eran anteriores a los sentidos, que solo motivaban el concepto, previo, aportando estos sentidos insuficiente información.


El niño y cualquier animal disponían del concepto, no de su nombre o lenguaje. Era por ello que el niño esperaba qué nombre le pondrían al concepto que ya conocía de antemano, pues por mucho que supiera solo el nombre, y por más que actuaran los sentidos, no podría saber de qué objeto o cosa se trataba.


Don Miguel Puente no salía de su asombro con el Realismo o Materialismo o Empirismo, ya que, antes de comenzar ya estaban muertos, puesto que estos sistemas no podían aportar nada si no disponían ya del concepto, buscando, sin saberlo, no otra cosa que el concepto. Y la ciencia, derivada de aquellos métodos, desconocía que partían de conceptos y llegaban a conceptos, lo que era incompatible con que, en ese camino, en ese puente de conceptos a conceptos, hallaran, nunca mejor dicho, una materia, de piedra, un puente.


Tal vez, el sentido del tacto era el que más preocupaba al pensador Puente, ya que, ante un muro macizo de piedras grandes, notaba una resistencia del muro, y no lo podía traspasar. La solución estribaba en el sujeto, que podía ser un insecto, un niño de dos años, un hombre adulto, o, y aquí se despejaba el asunto, un animal muchísimo más fuerte que el hombre, y que destruiría el muro, traspasándolo.


Además, Ockham (un monje franciscano) dio lugar a un medio llamado la Navaja de Ockham, lo que significaba que a la realidad verdadera o a la verdad, le repugnaba que, algo que se podía crear por medio de, dos pasos, se invirtieran tres pasos. Así, un ejemplo era el tacto que toca la piel rugosa de un elefante. Esto era importante porque, el sentido del tacto se entendía como lo que percibía esa piel rugosa del elefante, mientras, que parándose a reflexionar, la piel rugosa del elefante era exactamente igual que el funcionamiento de mi tacto; solo a un espíritu loco, se le ocurriría multiplicar los pasos de forma innecesaria, entendiendo esa piel rugosa por un lado, y mi tacto, por otro. En consecuencia, el pensador, se quedaba con lo único que podía asegurar: su tacto.


Lo que Puente tenía claro es que él no percibía un rinoceronte, sino el concepto de rinoceronte; que existiera la materia no podía demostrarlo. Más adelante acreditaría que de ninguna manera existía la materia.


Un día, pasó veinte metros por delante de Don Miguel, un perro de raza Bedlington, que, como es sabido, en alguna circunstancia como aquella, parece más una cierta oveja que un perro; pero él supo que era, claramente, un perro, porque disponía del concepto de can.



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